5 de Septiembre de 1990 : Muere el poeta catamarqueño y autor teatral Juan Oscar Ponferrada.

Nació en Catamarca el 11 de Mayo de 1907. El noveno de diez hermanos, pasó su infancia improvisando representaciones teatrales en las calles de su barrio. En los inicios de su juventud se relaciona con otros jóvenes escritores, con los que funda la Peña Tito Livio, para luego dirigir, por elección de sus compañeros, la revista del centro de estudiantes, intitulado Azul.Estimulado y apoyado por su tío Manuel Ponferrada, reconocido educador, periodista y propietario del medio de comunicación gráfico “El Día”, el naciente poeta se inicia como cronista.De joven viaja a Buenos Aires donde se desempeña como periodista y crítico para diarios y revistas. Su formación docente le permite acceder a cátedras en la Escuela Nacional de Bellas Artes y Manuel Belgrano. Ocupó cargos de importancia en la función pública: fue Director del Instituto Nacional de Estudios de Teatro, Secretario General de Argentores y creó el Seminario Dramático. A su inquietud se debe la creación del Seminario Dramático del que fue su primer director y Secretario General de Argentores. Representó a la Sociedad General de Autores como Delegado Oficial, en las Declaraciones de la Comisión Argentina de la UNESCO. Colaboró con la revista católica Crisol, con Caras y Caretas, El Hogar y el suplemento literario del Diario La Nación. Dentro de su basta producción literaria se encuentra “Flor Mitológica”, “El carnaval del diablo”, “Los incomunicados”, “Un gran nido verde”, “Los pastores”.En nuestra provincia dictó diversas conferencias y dirigió elencos oficiales, entre los que puso en escena El Carnaval del Diablo. Casi al termino de su ciclo vital escribió su última obra, “Esquiú, Cántico por su santificación”.Luego de padecer la enfermedad de parkinson, fallece el 5 de septiembre de 1990.LA CARPA

CON PRETENSIÓN DE CÚPULA,
CON HOSPITALIDAD DE COPA DE ÁRBOL,
DANDO FORMA DE PARVA A TUS PROMESAS,
TE ASENTASTE EN EL SITIO MÁS ÁRIDO DEL BARRIO.

EN EL CORRALÓN GRANDE,
QUE A LOS OJOS DE UN NIÑO, O ERA PAMPA O DESIERTO,
PARECÍAS UN RANCHO CIRCULAR,
O LA TORRE DE UNA MEZQUITA, DESDE LEJOS…

DE DÍA A TODO SOL Y, POR LA NOCHE,
BAJO UN CIELO PANTANO SALPICADO DE LIRIOS,
ERAS COMO UN ALERTA LEVANTANDO SU ASOMBRO
SOBRE EL ADORMECIDO CAMPAMENTO DEL BARRIO.



CABALLO

ME DIJERON QUE HABÍAN DE TRAERTE LOS MAGOS.
YO TE ESPERÉ ENSAYANDO MILAGROSOS HALAGOS.

HACÍA MUCHO TIEMPO QUE CON TU EFIGIE MANSA
ACUNABA INCONTABLES MONEDAS DE ESPERANZA.

Y VINISTE POR FIN ENCRESPANDO EN LO ALTO
EL ELEGANTE BRÍO DE TU AMAGO DE SALTO.

CABÍA, TU GALOPE RIZADO, EN LA ROTONDA
DE UNA SIMPLE, UNA TIBIA MUSIQUITA DE RONDA.

Y FUE MI ALEGRE ORGULLO SOBRE TU LOMO:
EL PENACHO DE PLUMAS DE UN SOLDADO DE PLOMO.

COMO A TODAS MIS PRENDAS, TE LLEVARON UN DÍA.
RECUERDO QUE ESA TARDE MI INFANCIA OBSCURECÌA…

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